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lunes, 5 de agosto de 2024

NAM A.N.C (Army Nurse Corps)


 

TRAMPAS PARA BOBOS EN LA GUERRA DE VIETNAM

 

Estas fueron las trampas más crueles de la guerra de Vietnam

Explosivos ocultos, estacas, puentes boicoteados: los soldados estadounidenses temían que el siguiente paso fuera el último que daban.

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La Guerra de Vietnam, conocida también como la Segunda Guerra de Indochina, fue un conflicto que definió una era, un enfrentamiento entre la superpotencia estadounidense contra el determinado Vietcong. A pesar de la abismal disparidad de recursos, con Estados Unidos desplegando su avanzada tecnología y poderoso arsenal, el Vietcong contrarrestó a sus enemigos con su profundo conocimiento del terreno y tácticas de guerrilla. En este escenario, la supervivencia y el ingenio eclipsaron a menudo la superioridad armamentística convencional. Este enfrentamiento no solo desafió la percepción del poder militar, sino que también resaltó la importancia de la adaptabilidad y la astucia en la guerra, donde el entorno y la creatividad en el campo de batalla a menudo decidían el rumbo de los acontecimientos.

Guerra Vietnam

Soldado en la guerra de Vietnam. Wikimedia

El escenario de la guerra

La selva vietnamita, con su densidad asfixiante y su terreno inextricable, se erigió como un formidable enemigo para ambos bandos en conflicto. Este laberinto verde, caracterizado por su espesura impenetrable y un clima implacable, fue el escenario de una lucha donde la naturaleza misma parecía conspirar contra el invasor. Para las fuerzas estadounidenses, acostumbradas a un tipo de guerra más convencional, este ambiente resultó ser un desafío tan grande como el propio Vietcong. Por otro lado, el conocimiento íntimo de esta selva permitió al Vietcong utilizar las tácticas de guerrilla con eficacia devastadora. Este dominio del terreno, transformado en trampas y emboscadas, neutralizó la superioridad tecnológica estadounidense e infundió un miedo constante entre sus filas. En este teatro de guerra, el Vietcong demostró que el conocimiento y la estrategia podían prevalecer sobre el poder bruto.

Marines Vietnam

Los soldados estadounidenses tenían que mirar bien dónde ponían el pie. Wikimedia.

Más vale maña que fuerza

En la guerra de Vietnam, el ingenio del Vietcong se enfrentó al poderío militar estadounidense a través de tácticas de guerrilla meticulosamente orquestadas. Las trampas, una extensión letal del terreno selvático, se convirtieron en un elemento crucial de esta estrategia. No solo infligían daño físico, sino que también servían como herramientas psicológicas, sembrando el miedo y la incertidumbre en las filas enemigas.

Las estacas punji, crueles en su simplicidad, eran palos afilados de bambú ocultos bajo la hojarasca, a menudo envenenados con heces o veneno de serpiente para asegurar infecciones en sus víctimas. Las trampas de tablas, más complejas, utilizaban la presión del pie sobre una tabla para activar mecanismos que lanzaban estacas o clavos hacia el soldado incauto. Los puentes, diseñados para colapsar bajo el peso de quienes los cruzaban, escondían estacas punji en sus profundidades, listas para herir a los caídos. Por otro lado, las trampas de cierre lateral, ingeniosas en su concepción, atrapaban la pierna del soldado entre tablas llenas de clavos, causando heridas incapacitantes.

Cada trampa, por rudimentaria que pareciera, era un testimonio del profundo conocimiento del Vietcong sobre su entorno y su capacidad para convertir los recursos naturales en armas letales. Este uso estratégico de trampas no solo compensó su desventaja en armamento y tecnología sino que también jugó un papel fundamental en su resistencia contra una de las mayores potencias militares del mundo.

Trampa de estacas Punji

Trampa de estacas Punji. Jorge Láscar / Wikimedia

El terror psicológico

El uso de trampas por parte del Vietcong desplegó un terror invisible que se arraigó profundamente en las mentes de los soldados estadounidenses, más allá de la amenaza física que representaban. Este miedo constante a lo desconocido, a dar un paso en falso y activar una trampa mortal, generó un estado de paranoia que permeó cada patrulla en la selva. Los soldados se movían con una cautela extrema, sabiendo que el terreno bajo sus pies podía convertirse en su peor enemigo en cualquier momento.

La psique de las tropas se vio severamente afectada, ya que la anticipación de un peligro omnipresente pero invisible erosionaba la moral y debilitaba la eficacia en el combate. Este miedo no solo dificultaba la movilidad sino que también imponía una carga emocional, al tener que lidiar con la posibilidad constante de heridas o la muerte de camaradas. Así, las trampas del Vietcong se convirtieron en una potente arma psicológica, demostrando que el control del campo de batalla no se limita a la fuerza física, sino que también se extiende al dominio de la mente del adversario.

Un veterano recordó el estremecedor momento en que su amigo cayó sobre una estaca Punji, describiéndolo como un grito que nunca olvidaría, un sonido que encapsulaba el dolor y el miedo que la guerra había impregnado en sus almas. Otro soldado compartió la parálisis que sentía cada vez que debía avanzar por un sendero desconocido, la incertidumbre de si el siguiente paso sería su último. Un testimonio particularmente conmovedor vino de un enfermero de campo, quien habló de la desesperación de tratar heridas infligidas por trampas, sabiendo que el verdadero daño, el psicológico, era algo que no podía suturarse. Estas historias, aunque breves, revelan la inmensa humanidad y vulnerabilidad detrás de cada uniforme, resaltando la crudeza de un conflicto marcado por el ingenio mortal del enemigo invisible.

633 – Soldados en Vietnam. Al pie: Soldados en Vietnam. Wikimedia.

El macabro legado de Vietnam

Las trampas y tácticas de guerrilla empleadas por el Vietcong se han consolidado en la historia como emblemas de resistencia y astucia. Frente a un enemigo superior en números y tecnología, el ingenio vietnamita se erigió como su gran fortaleza, demostrando que la estrategia puede equilibrar las balanzas del poder. Esta lección de adaptabilidad y resiliencia ha sido estudiada exhaustivamente y se preserva en museos, tanto en Vietnam como en Estados Unidos, sirviendo como recordatorio de la complejidad del conflicto. La preservación de estas tácticas resalta su importancia no solo en el ámbito militar sino también como parte integral de la identidad cultural y la historia de resistencia de un pueblo.

Las trampas en la Guerra de Vietnam simbolizan más que un método de infligir bajas; representan la inquebrantable voluntad de lucha y supervivencia del pueblo vietnamita ante una fuerza abrumadoramente superior. Esta contienda nos ha enseñado lecciones valiosas sobre la humanidad, revelando cómo el ingenio, la determinación y la resistencia pueden prevalecer frente a adversidades insuperables. La historia de Vietnam es un recordatorio poderoso de que, en el corazón de la guerra, yacen historias de resistencia (in)humana, desafiando a la tecnología avanzada y a nuestras propias concepciones sobre el poder y la victoria.

Referencias:

  • Baker, M. 2020. NAM: la guerra de Vietnam en palabras de los hombres y mujeres que lucharon en ella. Contra.
  • Barrios Ramos, R. 2015. Breve historia de la Guerra de Vietnam. Nowtilus.
  • Hastings, M. 2022. La guerra de Vietnam. Una tragedia épica, 1945-1975. Crítica.

 

miércoles, 31 de julio de 2024

DRONES EL ARMA DEL EJÉRCITO UCRANIANO

Drones en Ucrania y más allá: todo lo que hay que saber

El espacio de combate aéreo ucraniano presenta el uso más intensivo de drones en un conflicto militar de la historia, marcando un cambio en las tácticas y la tecnología de guerra

Foto: Voluntarios ucranianos apuestan por producir drones. (EFE)
Voluntarios ucranianos apuestan por producir drones. (EFE)

 

Los drones han documentado la destrucción de ciudades por las fuerzas rusas, la inundación de territorio ucraniano tras la rotura de la presa de Kakhovka y ataques contra barcos, tanques, tropas y material ruso. Por último, los drones se utilizan para ayudar a dirigir y llevar a cabo ataques. Al principio de la guerra, las fuerzas ucranianas utilizaron drones militares armados como el TB2 para atacar el convoy ruso que se dirigía a Kiev. También es posible que se haya utilizado un dron TB2 para distraer las defensas del buque insignia ruso Moskva mientras misiles navales lo atacaban y finalmente lo hundían. La información obtenida por los drones también se utiliza para dirigir ataques de artillería y de otro tipo.

Drones civiles, los más usados

Muchos, posiblemente la mayoría, de los drones utilizados por las fuerzas ucranianas fueron diseñados originalmente con fines comerciales o para aficionados. Por lo tanto, están disponibles en grandes cantidades y a bajo coste, y son fáciles de usar. Al no haber sido construidos para la guerra, estos drones no suelen sobrevivir mucho tiempo en el espacio de batalla, pero, dado su precio y disponibilidad, suelen ser fácilmente reemplazables.

*Si no ves correctamente este formulario, haz clic aquí

El fabricante chino DJI produce la mayoría de estos sistemas. Suspendió oficialmente sus operaciones en Ucrania y Rusia a las pocas semanas de iniciada la guerra, pero sus drones, sobre todo los de tipo Mavic, siguen figurando entre los sistemas más utilizados y solicitados. Los particulares han donado muchos drones y los esfuerzos de crowdfunding por parte del público también han permitido, supuestamente, la adquisición de miles de drones.

Consecuencias militares serias

Hasta ahora, el Gobierno ucraniano no ha asumido oficialmente la responsabilidad de los ataques con drones contra Moscú, que se han hecho más frecuentes en los últimos días. Al principio, los sistemas no tripulados se utilizaban para atacar instalaciones militares en Rusia, como las bases aéreas de Engels en diciembre. Más recientemente, se han producido ataques con drones contra Moscú, incluido su centro financiero, que podrían haber sido llevados a cabo por las Fuerzas Armadas ucranianas o por grupos proucranianos, posiblemente desde el interior de Rusia.

Foto: Un dron comercial cargado con seis bombas de mortero. (Ukraine Territorial Defense Forces )

Militarmente, su impacto ha sido limitado: hasta ahora, nadie ha muerto en los ataques y la destrucción parece mínima. Pero envían una señal al régimen, la población y las empresas rusas de que la guerra podría volverse contra ellas. Aunque, al parecer, las defensas aéreas rusas interceptaron algunos de los drones, sigue siendo vergonzoso para los militares rusos que sean incapaces de proteger la capital. Si los ataques continúan y crecen en frecuencia y fuerza, el Ejército ruso podría tener que aumentar la protección de Moscú y otras ciudades, lo que significa que los sistemas de defensa antiaérea o los expertos podrían tener que ser retirados de la línea del frente.

Pequeños, pero matones

Los drones son objetivos fáciles, ya que no suelen estar construidos para evadir las defensas aéreas. Suelen volar bajo y despacio, y a menudo pueden destruirse con un solo impacto. Sin embargo, la lucha contra los drones puede resultar difícil, puesto que es necesario disponer de los sistemas de defensa adecuados en el lugar y el momento oportunos, sin gastar más dinero del que vale un dron.

Foto: Alexander, probando los drones en una zona a unos 20 km del frente de Bajmut. (Fermín Torrano)

Hay dos formas principales de derribar un dron: cinética y electrónicamente. La primera consiste en derribar un dron con balas, cohetes o similares. Ucrania ha estado utilizando Gepards, Patriots o Iris-T para luchar contra los ataques desde el aire. La segunda consiste en interferir o interrumpir la señal entre el dron y su operador u operadores. Una versión más avanzada de este método consiste en piratear el dron y hacerse con su mando. Además de estos, los lanzadores de redes, los drones que luchan contra drones e incluso las aves de presa entrenadas para acabar con drones de aficionados pueden interceptar drones. El mercado de los contradrones es una oportunidad de negocio multimillonaria.

El incipiente papel de los drones navales

El término dron no se refiere necesariamente a sistemas aéreos, pero la mayoría de los drones vuelan. Existen drones marítimos —tanto buques de superficie como sistemas submarinos—, así como drones terrestres (aunque muchos los llaman robots en lugar de drones). Sin embargo, antes de este conflicto, solo los sistemas aerotransportados se utilizaban ampliamente en operaciones militares. Esto está empezando a cambiar. El otoño pasado ya se utilizaron barcos teledirigidos, sobre todo en el ataque a la flota rusa del mar Negro en Sebastopol. Más recientemente, las fuerzas ucranianas dañaron un buque de desembarco anfibio ruso y atacaron un petrolero ruso utilizando drones navales. Estos ataques son un testimonio del innovador sector militar-industrial ucraniano.

Vanguardia en la industria

Ucrania se ha convertido en un lugar importante para el desarrollo y la fabricación de drones. Las asociaciones conjuntas entre el sector público y el privado han permitido desarrollar o reconvertir drones para uso militar. La presión de la guerra para innovar, el ingenio del pueblo ucraniano y la oportunidad de colaborar estrechamente con expertos de muchos países occidentales han contribuido a establecer una sólida base industrial de defensa nacional. La industria ucraniana de drones va camino de convertirse en un actor internacional de peso una vez finalizada la guerra, capaz de exportar sistemas probados en combate.

*Análisis publicado originalmente en inglés en el European Council on Foreign Relations por Ulrike Franke titulado Drones in Ukraine and beyond: Everything you need to know

MUJERES BITÁNICAS EN LA II G.M.

 

El papel de las mujeres británicas durante la Segunda Guerra Mundial

Muchas fueron las mujeres británicas que, pese a las burlas o comentarios ofensivos y las pésimas condiciones laborales, jugaron un papel fundamental en el devenir del conflicto ejerciendo como pilotos, obreras en fábricas de armamento, granjeras, espías, enfermeras...


En la Batalla de Inglaterra la mujer dio un paso adelante (o le dejaron darlo los políticos de turno en la sociedad patriarcal) porque la Historia universal se ha contado, lamentablemente, sin tener en cuenta a la mitad de la humanidad. Así nos encontramos con la participación activa, en la producción económica y en la contienda, de damas convertidas en obreras, en agricultoras, en ganaderas, en soldados o en artistas. También las mujeres de la familia real concedieron apoyo moral a la población bombardeada.

El papel de las mujeres británicas durante la Segunda Guerra Mundial

Mujeres enroladas en la NAAFI (Navy, Army and Air Force Institutes) desfilan durante un ejercicio de instrucción. Foto: Getty.

Lady Houston, la mecenas de la aviación británica

Nació en 1864 en la provincia de Lambeth. En el tardío Londres victoriano fue corista. Viajó por Europa y se casó hasta cuatro veces, recibiendo en los divorcios pensiones económicas, el apellido Houston y una suculenta herencia de 5,5 millones de libras al quedarse viuda de su última pareja.

Fue enfermera durante la Gran Guerra y participó en campañas para solicitar el voto femenino como derecho. Cuando estalló la Batalla de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial, ella estaba muerta. Había fallecido en 1936, sin embargo, sus inversiones filantrópicas fueron decisivas para la victoria aliada.

Lady Fanny Lucy Houston donó casi todo su dinero a la compañía de fabricación de aviones bélicos Supermarine. Este cuerpo militar producía los famosos aviones Spitfire. Quién sabe si, en el caso de que no se le hubiera ocurrido esta idea a lady Houston, hubieran podido tener los ingleses aviones mucho más rápidos que los alemanes. La velocidad de los cazas británicos fue uno de los factores que más influyeron en que el triunfo fuera para Reino Unido. Con aplomo lady Houston había expresado que: «Todo británico de verdad preferiría vender su última camisa antes de admitir que Inglaterra no puede defenderse por sí misma». ¿Temía la nefasta sombra de Hitler? En 1934 el criminal Adolf se había convertido en Führer.

Lady Huston

Retrato de Lady Huston, fotografiada en 1909. Su fortuna sirvió para desarrollar el mítico caza Spitfire con el que los británicos hicieron frente a los bombardeos alemanes. Foto: ASC.

Las mujeres en el frente

La inglesa Flora Sandes fue la única soldado de Reino Unido que se alistó y que luchó como miembro de un ejército regular en la Primera Guerra Mundial. La situación fue muy diferente en el segundo conflicto planetario. Cuando el combate estaba en su momento de máxima tensión, las fuerzas aéreas tenían más aviones que pilotos, por lo que se decidió reclutar a mujeres, que se mostraban voluntarias desde el inicio.

La Real Fuerza Aérea inglesa (RAF) hizo una llamada desesperada para que se apuntaran al programa mujeres que supieran pilotar y pudieran ayudar a trasladar los aviones militares de las fábricas a los hangares. Al principio, fueron tan solo ocho las mujeres que se inscribieron y, aunque el reclutamiento fue creciendo, Inglaterra solicitó ayuda a Estados Unidos. Fue amargo encontrarse con detractores de la entrada de las mujeres en las Fuerzas Armadas, de hecho el futuro presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, manifestó que estaba «absolutamente en contra» de que existiera una división formada por mujeres piloto, pues dudaba de «la capacidad de las mujeres para manejar aviones militares puesto que era una tarea muy poco femenina». Resulta sangrante leer estas declaraciones.

Sin embargo, las mujeres que comandaban la organización Wings for Britain (Alas para Gran Bretaña), encargada de enviar aviones estadounidenses a los británicos, no se arredraron. Jacqueline Cochran y Nancy Harkness Love, pioneras en la aviación norteamericana, enviaron una carta a Eleanor Roosevelt, primera dama del momento, para que las apoyara en fundar una división femenina dentro de las Fuerzas Aéreas.

Así nació el Servicio de Mujeres Piloto de la Fuerza Aérea (WASP), agrupación que tuvo a Cochran como líder. No obstante, los comentarios despectivos seguían en los corrillos y hubo coincidentes laborales que las apodaron «Woolteddies» («Ositos de felpa»).

Aviadora Jacqueline Cochram

La aviadora norteamericana Jacqueline Cochram, directora del WASP (Women Airforce Service Pilots, Servicio de Pilotos Femeninos de la Fuerza Aérea). Foto: Getty.

Las condiciones de trabajo de las mujeres aviadores eran pésimas. El salario que cobraban estaba muy por debajo del de los varones y el importe de los cursos que recibían lo pagaban ellas mismas. No se les permitía pilotar durante los días que tuvieran la regla. No tenían derecho a sanidad ni a seguro de vida. Si morían en la contienda, eran enterradas en un féretro de pino y no en un ataúd de la madera de la mejor calidad, como sus colegas. Tampoco se les tributaban honores militares en el funeral.

El 28 de junio de 1939 se creó en Reino Unido la Women’s Auxiliary Air Force (Fuerza Aérea Auxiliar de Mujeres). En 1943 tenía 180.000 mujeres, pues se reclutaban más de 2.000 nuevas cada semana. El WAAF surgió mediante la fusión de las 48 empresas auxiliares específicas de la RAF (Royal Air Force). A partir del 12 de junio de 1941 se estableció el servicio militar obligatorio en la WAAF, aunque solo lo debían realizar las mujeres solteras de entre 20 y 30 años.

Mujeres del WAAF

Mujeres del WAAF (Women’s Auxiliary Air Force, Servicio Auxiliar Femenino de la Fuerza Aérea) trabajando en la fabricación de globos de barrera antiaéreos. Foto: Getty.

Las señoras fueron destinadas sobre todo a puestos de telefonía, telégrafo, radar y meteorología. Llevaron a cabo labores de inteligencia, descifrando códigos y su papel fue esencial en la Batalla de Inglaterra. Hubo chicas que fueron agentes secretos, estando integradas en el Special Operations Executive (SOE).

La fábrica, la granja y la propaganda

En la retaguardia, las mujeres desarrollaron en la industria las funciones que antes realizaban mayoritariamente los hombres. En 1939, al inicio de la contienda, el 17,8 % de las mujeres trabajaban en fábricas de metal, municiones, o productos químicos, y hacia 1943 lo hacía el 38,2 %. El Ministerio de Trabajo reclutó a mujeres para puestos de combate y funciones auxiliares. A pesar de las sátiras mordaces sobre la incorporación de la mujer al mundo laboral fuera de la casa, desde el gobierno se trató de alentar al ama de casa para que asumiera el rol de defensa de la nación, forjando la cartelería, la prensa, la radio y el cine el mito de la heroína de guerra. A través del propietario de una fábrica que trata de impedir a su hija que se salga de los estereotipos de la mujer, el cortometraje My Father’s Daugher se convirtió en una defensa a ultranza de la igualdad, pudiéndose resumir en el lema: «No hay nada que las mujeres no puedan hacer».

Mujer en línea de producción de armamento

Una mujer trabajando en la línea de producción de una fábrica de armamento británica. Foto: Getty.

Hubo señoras que se dedicaron al transporte de carbón y municiones en barcazas. Fueron conocidas como las «Idle Women», al principio era un insulto que derivaba de los términos ingleses que refieren las «vías navegables interiores», pero luego adoptaron el término las propias jornaleras.

También trabajaron en las granjas. Fueron las llamadas «chicas de campo». En 1944 fueron reclutadas unas 80.000 para conseguir que el campo produjera y que el país estuviera alimentado. Hubo que esperar al siglo XXI para que tuvieran un reconocimiento. En 2011 el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Reino Unido agradeció a más de 34.000 mujeres los servicios prestados en el sector agropecuario durante la Segunda Guerra Mundial.

Previamente, el 9 de julio de 2005 la reina Isabel II inauguró el Monumento a las Mujeres de la Segunda Guerra Mundial. Está situado en la calle Whitehall, de Londres. Fue esculpido por John W. Mills (nacido en Londres en 1933). La patrocinadora del monumento fue la baronesa Boothroyd (nacida en Dewsbury en 1929, es la primera y única mujer que ha desempeñado hasta el momento la Presidencia de los Comunes).

La familia real que confundió a Hitler

Durante la Segunda Guerra Mundial la reina consorte de Inglaterra era Isabel Bowes-Lyon. La menor de los 9 hijos del conde de Strathmore dio muestras de coraje desde su llegada al mundo. Nació en una ambulancia tirada por caballos camino del hospital, aunque se la inscribió en la localidad de Hertfordshire, al este de Inglaterra y pasó su infancia en el castillo de Glamis, en Escocia.

Tenía experiencia en ayuda sanitaria en contextos bélicos. En el transcurso de la Primera Guerra Mundial murió un hermano suyo, y otro fue conducido a un campo de prisioneros. Isabel atendió heridos en su castillo de Glamis, que pasó a ser un hospital de guerra. Tras la contienda, Alberto, «Bertie», segundo hijo de Jorge V y de la reina María, un chico tímido que tartamudeaba al hablar y era amigo de sus hermanos, le pidió matrimonio. Sin embargo, Isabel lo rechazó dos veces porque temía que si entraba en la familia real, perdería su «libertad».

A la tercera propuesta le dijo sí. Se casaron sin esperar ser reyes en la abadía de Westminster el 26 de abril de 1923. Tuvieron dos hijas: Isabel (apodada Lilibet) y Margarita. Al padre de Jorge VI su hijo mayor no lo tenía contento por ser mujeriego: «Ruego a Dios que mi hijo mayor nunca se case ni tenga hijos, para que nada se interponga entre Bertie y Lilibet y el trono». Cuando Eduardo VIII tuvo que abdicar por su idilio y boda con Wallis Simpson, Jorge VI e Isabel se convirtieron en soberanos.

El matrimonio regio vivió en el palacio de Buckingham durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial, alejados de sus hijas, a quienes trasladaron al castillo de Windsor. Acompañadas de su niñera y sus preceptores, las dos niñas llevaron una vida de juegos y paseos en caballo. Incluso idearon funciones de teatro como la que representaron durante la Navidad de 1941, en la que Margarita era Cenicienta e Isabel II, su príncipe.

No obstante, la preocupación por la guerra estaba en sus mentes, ganándose el afecto del pueblo por compartir restricciones con la gente sencilla. Durante la estancia en Buckingham, la esposa del presidente de Estados Unidos, Eleanor Roosevelt pudo contemplar las privaciones: era «un palacio dañado y sin calefacción», afirmó más adelante.

Jorge VI, lejos de encerrarse en su espacio áulico, pasó largas horas conversando con el primer ministro de Reino Unido, Winston Churchill. Visitó a las tropas y pronunció el discurso en el que pedía a su pueblo que se mantuviera firme «ante los oscuros días venideros».

Churchill BBC

Acompañado de su inseparable puro, Winston Churchill se dispone para una alocución radiada por la BBC desde Estados Unidos en 1943. Foto: Getty.

Cuando todo había pasado, durante los festejos por el Día de la Victoria en Europa, la multitud gritó: «¡Queremos al rey!». Jorge VI permaneció en el balcón y pidió a Churchill que lo acompañara en el saludo.

Desde 1945 hasta hoy ha permanecido viva la encomiable labor que la familia real británica desarrolló en la Segunda Guerra Mundial a favor de sus ciudadanos. Pero hay nuevos aspectos en la crónica de los hechos. En 2019 la cadena británica Channel 4 emitió un documental en el que se aseguraba que tanto Isabel Bowes-Lyon como su hija Elizabeth fueron partícipes del engaño que sufrieron los alemanes sobre en qué lugar de la costa europea iban a desembarcar las tropas aliadas. En ese sentido, Jorge VI habría colaborado tan eficazmente con los servicios de inteligencia que logró engañar a Hitler, confundiendo totalmente a los nazis. Isabel Bowes- Lyon falleció en el castillo de Windsor el 30 de marzo de 2002. En ese momento era el miembro más longevo de la historia de la Familia Real Británica y una persona muy querida para los británicos y para el resto del mundo.

 

martes, 30 de julio de 2024

ANDALUCES Y GALLEGOS APLASTARON LAS INVASIONES VIKINGAS EN LA PENINSULA

 

Cuando andaluces y gallegos aplastaron a los vikingos en la península: un rastro de destrucción y muerte

Las invasiones de los pueblos del norte entre los siglos IX y XI tuvieron episodios trágicos en la Península Ibérica, tras llegar por sorpresa en cientos de barcos con la intención de hacerse con las riquezas de los pueblos cristianos del norte y los musulmanes del sur

Vikingos, durante uno de sus ataques, en una ilstración actual

Las invasiones protagonizadas por los vikingos azotaron el mundo conocido entre los siglos IX y XI. Llegaban en oleadas de miles de guerreros tatuados, con el pelo rapado y una coleta a un lado, armados con cascos, escudos, lanzas y hachas. Muchos de ellos llevaban los dientes pintados de rojo para aterrorizar aún más a sus víctimas en una serie de conquistas que podían durar años… o décadas. Como decía una oración muy común en las iglesias del antiguo reino inglés de Northumbria: «Señor, líbranos de la furia de los hombres del norte». Pero no fue posible.

Los vikingos redujeron Londres a escombros dos veces. Con sus barcos de poco calado navegaron Sena arriba y asediaron París desde el agua. Sus conquistas les llevaron desde tierras escandinavas hasta las islas Feroe, Islandia, Groenlandia y Canadá por el oeste. Hasta el Mediterráneo, Marruecos y el califato de Bagdad por el sur. Navegaron los cauces fluviales que partían del Báltico, del Caspio y del Mar Negro por el este. Se dieron de bruces con el Imperio Bizantino, combatieron en Kiev hasta dar origen a la Rusia actual y se instalaron en el Ulster y en la actual Irlanda.

También sembraron el pánico en Inglaterra. A los monjes del priorato de Lindisfarne, al norte de las islas, la primera invasión vikinga en enero de 793 les sorprendió rezando. En pocas horas, «los bárbaros destruyeron miserablemente la Iglesia de Dios», dicen las crónicas medievales anglosajonas. En el 869, al pobre Rey Edmundo del Anglia Oriental le usaron como diana para hacer prácticas de tiro con arco y al arzobispo de Canterbury lo despellejaron con huesos de buey hasta morir. «Uno de los vikingos le golpeó con un hacha de hierro en la cabeza, lo derribó y su santa sangre cayó en la tierra», contaban las mismas crónicas.Israel Viana

Aunque raramente se aventuraban más al sur de la costa francesa, lo cierto es que los habitantes de la Península también fueron víctimas de este horror en las cuatro incursiones que este pueblo llevó a cabo en estas tierras. Por lo general, el objetivo era saquear las ciudades y pueblos que se encontraban en sus desplazamientos hacia el sur, llevando a cabo acciones tan violentas que los vikingos han acabado por ser considerados uno de los pueblos más temidos de toda la Edad Media.

Primera noticia

La primera noticia que tenemos sobre los vikingos en la Península Ibérica aparece en los 'Annales Bertiniani', una composición franca de mediados del siglo IX, poco después de que se produjera el primer ataque. Sin embargo, el Códice de Roda, que algunos historiadores atribuyen al Rey de Asturias Alfonso III en esos mismos años, es el que más detalles ofrece: «Por aquel tiempo, los normandos, gente hasta entonces desconocida, pagana y muy cruel, llegaron hasta nosotros con un ejército naval».

Los primeros en avistar los knarrs y los drakkars, los temidos barcos nórdicos, fueron los gijoneses en el verano de 844. Los rumores llegados desde Inglaterra y Francia en los años anteriores eran aterradores. Poblaciones enteras pasadas a cuchillo, miles de campesinos honrados convertidos en esclavos y numerosas violaciones de mujeres y niñas. Los 'Annales Complutenses', del siglo XII, hablan de un desembarco cerca de Gijón por parte de 54 naves vikingas, probablemente para aprovisionarse y continuar su camino hacía Galicia.

En los 'Annales Bertiniani' y en el citado 'Códice de Roda' se cuenta que el desembarco se produjo en las inmediaciones de la torre de Hércules, en La Coruña, que dio comienzo al saqueo mediante una serie de asaltos por sorpresa, 'modus operandi' habitual de los vikingos. Sin embargo, tanto la nobleza galaica como la asturiana, muy acostumbrada a las conquistas, reaccionaron con rapidez. Desde Oviedo, Ramiro I montó un Ejército y expulsó a los guerreros del norte. Se desconoce el número de muertos, pero sí se menciona que los invasores perdieron un número importante de barcos.

La masacre de Sevilla

La expedición continuó hacia el sur, intentando primero saquear Lisboa, con el objetivo de arrasar Al-Ándalus. Los vikingos no podían permitirse el lujo de regresar con las manos vacías a casa, pues muchos de ellos habían empeñado sus bienes en la empresa y tenían que buscar víctimas sin cesar. El emir Abderramán II había sido alertado de su llegada por el gobernador de la capital portuguesa, aunque cometió el error de subestimar al nuevo enemigo y lo pagó con creces. En primer lugar conquistaron Cádiz, machacaron a los vecinos de Medina-Sidonia, remontaron el Guadalquivir, masacraron a los habitantes de Coria del Río y llegaron a Sevilla.

Según el cronista musulmán Ibn al-Qutiyya, del siglo X, los sevillanos huyeron en masa al ver llegar a los vikingos y se refugiaron en Córdoba, sede del emirato que presidía Abderramán II. El emir omeya, desesperado por la violencia desatada por aquellos salvajes, formó un Ejército con ayuda de la dinastía de los Banu Qasi, que habitaba el noreste peninsular, y se abalanzó sobre ellos en la cruenta batalla de Tablada, en Aljarafe:

«Después de utilizar armas de asedio y defensa, el ejército hizo huir a los vikingos. Los árabes mataron a quinientos de sus hombres y capturaron cuatro de sus barcos, los cuales quemaron después de haber saqueado cualquier cosa de valor. Gran número de vikingos fueron pasados por la espada; otros fueron ahorcados en Sevilla y a otros colgados de palmeras en el lugar de la batalla. (...) En total, pasaron 42 días desde su llegada a su expulsión. Su líder y todos ellos pasaron por nuestra espada como castigo divino por sus crímenes. El emir comunicó el feliz desenlace a todas sus provincias y les mandó la cabeza del líder vikingo y de doscientos de los mejores guerreros vikingos», relataba el historiador árabe Ibn Hayyan, que resaltaba también la predilección de estos por capturar a mujeres y niños.

Segunda incursión

Tras aquellos episodios, Abderramán II ordenó construir defensas y una flota que vigilara todo el litoral. En el norte, se fortificaron las entradas de los ríos y las poblaciones costeras. Estaban convencidos de que los vikingos regresarían de nuevo y no se equivocaron. En el 858, se produjo una segunda incursión liderada por dos de los jefes más legendarios: Bjorn Ragnarsson, conocido como 'Brazo de Hierro' y Hastein. El primero era Rey de Suecia y vástago de nada menos que Ragnar Lodbrok, que decidió partir hacia la Península Ibérica cuando en Normandía reinaba la paz.

Su gran objetivo fue Santiago de Compostela y la sede catedralicia de Iria Flavia, en el municipio de Padrón. Al igual que sus compatriotas 14 años antes, accedió por la Ría de Arousa hasta y pronto comenzaron a destrozar las poblaciones que se encontraban a su paso y el asedio al enclave principal. Los jefes locales no encontraron otra solución que acceder a pagar el tributo que exigían los invasores. Pero tampoco les dio tiempo a enriquecerse mucho, porque el Rey de Asturias, Ordoño I, envió en ayuda de los gallegos a Pedro Theon de Pravia al mando de un gran contingente.

Las crónicas de la época aseguran que los vikingos sufrieron una derrota aplastante en la que murieron un tercio de sus hombres, además de perder 38 navíos. Bjorn y Hastein huyeron, una vez más, hacia el sur. Atacaron Algeciras, Sevilla y Orihuela. Se siguieron divirtiendo en Marruecos, las islas Baleares e Italia antes de volver a la península para protagonizar una de sus grandes proezas en Pamplona. Algunos historiadores creen que para llegar allí tuvieron que remontar los ríos Ebro, Aragón y Arga. Otros, que avanzaron desde el golfo de Vizcaya.

Sea como fuere, la ciudad fue arrasada y su caudillo local, García Íñiguez, capturado. Una leyenda asegura que, cuando decidieron seguir su periplo, algunos de los barcos vikingos volcaron por el peso de las monedas de oro que los pamploneses tuvieron que pagar por el rescate. Sin embargo, el final de la aventura de Ragnarsson y Hastein fue parecido al de sus predecesores, pues fueron derrotados en Córdoba, reduciendo su flota hasta los 20 buques que tuvieron que regresar a casa de inmediato.

Tercera incursión

La mayoría de los estudios consideran que la tercera oleada de incursiones comenzó en el 968, pero existen indicios de que se produjeron continuos ataques de menor importancia entre la segunda y esta invasión. Esa es la razón de que los habitantes de Galicia estuvieran preparados. Según Enrique Flórez, célebre historiador del siglo XVII, los condes de Lugo le pidieron permiso al Rey Ordoño para «hacer sus casas más fuertes para poder habitar en ellas y resistir a los normandos». Y de que Asturias y León se hubieran unificado en un único reino, en el 925, para protegerse de los vikingos. Por eso sabían que volvería a ocurrir, ya que sabían perfectamente que estos se sentían atraídos por la concentración de riquezas en Santiago de Compostela.

En el año 968 se presentó delante de las costas gallegas una gran flota vikinga compuesta de cien naves dirigidas por el Rey Gunderedo. Uniendo los datos de la 'Crónica de Sampiro', el 'Chronicon Silense', el 'Chronicon Iriense' y la 'Historia Compostellana' conocemos como los invasores llegaron al puerto de Juncaria y entraron en muchas ciudades de Galicia. Según González López, los norteños desembarcado también en Faro (La Coruña). Otras crónicas aseguran que unos emisarios avisaron al obispo Sisnando de que los normandos se dirigían hacia Ira y que este reunió un ejército y plantó batalla en el lugar llamado de Fornelos, a legua y media de Santiago. Allí cayó muerto por una flecha o una espada, según la versión, el 29 de marzo.

Desde esa batalla de Fornelos, los vikingos fueron dueños de Galicia durante tres años en los que continuaron sus saqueos con libertad sin que el Rey de León, Ramiro III, pudiese hacer nada por detenerlos, ya que era un niño de siete años custodiado por una monja. Sin embargo, los vikingos no lograron nunca entrar en Santiago, ya que estaba protegido por fuertes murallas torreadas, separadas por profundos fosos llenos de agua construidos en época de Sisnando.

Esta situación continuó hasta que el obispo de Compostela, San Rosendo, organizó un ejército dirigido por el conde Gonzalo Sánchez que, «sediento de venganza», atacó a los normandos cuando se disponían a embarcar de nuevo cerca de Ferrol. Este ejército logró vencer a los invasores, degollar a Gunderedo, quemar parte de las naves, recuperar el botín y liberar a los prisioneros. Este ataque nórdico fue el más violento de todos los que padeció Galicia, pero su suerte acabó allí. Y comenzó el ocaso de los vikingos en España, con ataques esporádicos hasta el siglo XI.


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